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NUEVOS LIBROS QUE NOS LLEGAN: EL COLOR DE LOS RITOS. OBRA POÉTICA 1984-2010 DE ENCARNA LEÓN

 

 

F. MORALES LOMAS

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Con un abundante y concienzudo estudio de 151 páginas del profesor JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ DE LA TORRE nos llega la Obra poética completa hasta 2010 de la poeta granadina afincada en Melilla Encarna León. Como dice el profesor Fernández de la Torre, este a obra tiene varios objetivos y efectos: la percepción de una escritura en variantes y la evidencia de lo colectivo, fundamentalmente en la receptivo. Es una poesía que provoca el intercambio y la relación con los otros y la necesidad de ritualización no cambia el sentido de la construcción de cada libro en su momento pero sí su actualización ante una nueva realidad. Una obra que, según él, en su ars poética alcanza su propia singularidad, “en la que las experiencias, los deseos, las sensaciones producida por, al menos, dos espacios: Granada (la ciudad de la infancia, la evocación nostálgica…) y Melilla (la ciudad del trabajo, del amor, de su madurez…), los ámbitos que trazan ese mundo lírico propio siempre alrededor o girando en torno a un yo configurado por la memoria y la nostalgia cuando se funden precisamente para ´re-fundar` la Belleza o la Poesía”.

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ENCARNA LEÓN

La edición ha estado a cargo del melillense afincado en Málaga, Antonio Abad, poeta, narrador y editor, que con un gusto exquisito ha diseñado y estado al cuidado de la impresión de obra, mostrando su buen hacer en este tipo de publicaciones que ya realizó, en varias ocasiones, para la Consejería de Cultura, con las obras de otros melillense, casos de Miguel Fernández, Jacinto López Gorgé y Juan Guerrero Zamora.

La obra recoge, en 669 páginas, la producción poética de Encarna León desde 1984 hasta 2010. No están incluidas sus obras de narrativa ni las de carácter infantil-juvenil. En el índice de El color de los ritos se pueden contar diez obras publicadas, seis plaquettes y el libro Golondrinas. Poemas dispersos, que es una recopilación de todos los poemas publicados durante los años 1984-2010, y que ‘volaron’, como aves, a diferentes revistas literarias y antologías compartidas tanto por el territorio peninsular como por el extranjero.

Sobre algunos de estos libros decía la poeta lo siguiente: Este caudal de mis palabras mudas (1984) era el libro de los asombros, por los gratos momentos poéticos que experimentó relacionados con su ópera prima; El vuelo de una sed (1988) fue su libro de vuelos poéticos, al comprobar cómo volaban sus palabras dentro de la poesía; Helena (1990) era un libro de incertidumbres, de desdoblamientos personales; Sobre cristal desnudo (1994) fue un libro homenaje a Miguel Fernández cuando ocurrió su fallecimiento; Artificios de otoño (1995) un libro de rebeldía femenina; …Y te vas al Padre (1998) es un libro de dolor, de desconsuelo por la muerte de su padre; Donde navega el sueño (2000) es libro de navegaciones amorosas; Como una música (2006) es un trabajo de disciplina métrica, todo escrito en sonetos; Tiempo de signos (2006) es música, la historia de la música en versos; Lluvia de aljófar, (2010) es un libro de viajes amigos y Golondrinas (1984-2010) de viajes poéticos.

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F. MORALES LOMAS Y ENCARNA LEÓN EN MELILLA CON MOTIVO DLE VIII PREMIO DE RELATOS QUE LLEVA SU NOMBRE

Sobre Lluvia de aljófar decíamos lo siguiente en otro momento:

      Lluvia de Aljófar (Editorial Zumaya, Granada, 2010) de la escritora granadina, afincada en Melilla, Encarna León, se detiene en la reconstrucción de un tiempo vivido. Personajes y paisajes que han conformado la memoria ahora aparecen desde diversas perspectivas, pero siempre bajo el paraguas de los afectos y la recuperación de un sentimiento.

Se organiza en tres grandes apartados. El primero, San Antonio de la Florida (Madrid). En él recupera el año 1984 y la presentación de su primer libro; el segundo, De frondas y de Cirios (La Granja, Murcia): es un recorrido por La Granja y un canto a la naturaleza; y, el tercero, Un roce con el tiempo (Melilla, Marruecos, Otros itinerarios), se ofrecen diversos itinerarios.

En su “A modo de dedicatoria” la escritora nos anuncia que el presente libro ofrece una memoria emocionada al poeta melillense Miguel Fernández cuando se cumplen diecisiete años de su fallecimiento. La amistad que va surgiendo con él le ayuda a ir construyendo una serie de poemas que ahora se publican. Se considera su discípula y es todo un reconocimiento a su memoria. En él abunda en las explicaciones que serán de interés para el lector.

Abunda la luz y el desdoblamiento dialógico en la contemplación de las oscuras transparencias o en el rastro que van dejando los octosílabos de “Un ángel sostenía”, con su lírica sensual y barroca tan preciosista y fonética que se va adentrando por las sugerencias y una imaginería dominada por las sensaciones que ha producido el pálpito de la memoria. Poesía de la mirada, poesía que crece con el sentimiento mientras se aspira a la contemplación y la emoción interior con un abundante juego metafórico. Hay también mucho de restablecimiento y de historia personal de las emociones que se van abriendo a la naturaleza en los diversos apartados: “Despoblada campiña/ derramada por silentes caminos/ se ofrece atrevida”. La fotografía queda impresa en el poema, pero fundamentalmente la emoción de un momento vivido “mientras el susurro templado/ de los cirios alumbraba quedo/ y ascendía, en medrosa huida,/ llevándose el pensamiento/ hacia un infinito/ poblado de aguaceros”.

En la segunda parte podemos encontrar un encuentro con la naturaleza, con las frondas y los manantiales, con la sensualidad que despierta el serpenteante aire y el rumor sosegado de los trances. Una lírica para el encuentro emotivo y la conspiración de los afectos, embriagada y embriagadora con su abundante adjetivación tanto como las frondas o las luces y sus matices. Un recuerdo que crece y entusiasma a medida que la memoria toma cuerpo.

Melilla y sus habitantes ocupan un pedazo de ese sentir en el último agrupamiento. Contemplación del faro desde lejos que va abriendo el iris de la mirada hacia el pasado y todo ese tiempo tibio de aroma en Melilla: “No hay duda de amor/ en esta nuestra tierra/ donde la memoria presiente/ un destino curvado de naufragios”. El tiempo se apodera del poema y el pensamiento que se hace candor, imagen o proyección hacia el futuro en tanto se despierta como hija del sueño y “Melilla repite sus auroras”. Una lírica que nace tanto de la contemplación emotiva del paisaje cuanto de la profunda raíz de la memoria de los días y esa templanza del fluir del tiempo en el que se aprende a apreciar lo humano. Pero también aparece Nador, “coronado de azul y blanco”, o los atardeceres dorados en los que el muecín endulza el aire con su canto. El viaje, finalmente, se adueña de los últimos poemas para recordar a la promoción del 57 de La Salle y el éxodo de la memoria, lleno de alcázares y sueños.

 

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