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RAPSODIA EN NEGRO Y ROJO DE EMILIO BALLESTEROS POR MORALES LOMAS

 

 

Rapsodia

 

Quiero reivindicar a Emilio Ballesteros. Un escritor todoterreno (poesía, ensayo, narrativa y teatro) que como director de la revista internacional Alhucema, que goza de gran prestigio en el ámbito de la literatura, desarrolla desde hace años una labor de difusión fundamental de escritores españoles e hispanoamericanos y está creando una obra tenaz y seria.

Ballesteros es una persona de pocas palabras y grandes obras. Desde Albolote, que acuna también a escritores tan significados como Antonio Carvajal, José Moreno Arenas o el último ganador del Hiperión, Montiel, se adentra por el mundo con una labor creativa esencial en el ámbito rico de la literatura granadina. Merecería, sin ninguna duda, estar en la Academia de Buenas Letras de Granada, y reclamo desde aquí a mis compañeros de Academia su nombre. Espero que solo sea una cuestión de tiempo.

Rapsodia en negro y rojo ha sido publicada en la granadina Editorial Nazarí, una editorial con un recorrido ya amplio y enriquecedor a pesar de no contar más allá de cinco años. Quiere ser una novela, se presenta como tal en la contraportada. La novela de la Generación del 27, se dice. Sin embargo, yo diría que es más bien un recorrido sentimental fundamentalmente por personajes entrañables de ese periodo para Emilio Ballesteros: Lorca y el torero Ignacio Sánchez Mejías fundamentalmente pero también otros escritores cercanos.

Y en esta rememoración sentimental no podemos olvidar a su padre: camarero en el bar de Bibarambla, donde Lorca asistía a las tertulias en la Granada de entonces. Su padre es narrador y personaje del libro, al unísono con el torero citado, con el que va alternando breves capítulos en primera persona y en redondita y cursiva respectivamente, que tratan de reconstruir la imagen de una época en torno a estas dos grandes figuras de la historia española.

En apenas ciento cuarenta y una páginas, y con una labor de contención encomiable, Ballesteros organiza una imagen, un mundo, una visión de época en la que surgirán además se concitan escritores como Ortega y Gasset, la inteligente María Zambrano, Cansinos Assens, Larrea, Valle-Inclán, Rubén Darío, Fernando Villalón y un largo etcétera.

Las anécdotas, las reflexiones en torno a la literatura o el momento histórico que les toca vivir, el amor, o la muerte del propio torero son el trasunto de este libro ágil que no dejará ajeno al lector y le permitirá adentrarse con nuevas perspectivas en una época. Es un libro, además, que, para los alumnos de Bachillerato o los primeros años de carrera, es básico porque les permitirá desenvolverse con fluidez en un periodo primordial de la historia de España.

Las reflexiones del padre del escritor nacen de la admiración que no es otra que el enajenamiento del propio escritor hacia estas figuras emblemáticas de nuestras letras. Pero también los comentarios de los tertulianos sobre su padre son una forma de argumentario sensitivo para la memoria: “Tiene alma de poeta”, dirá Sánchez Mejías del camarero.

La figura de Federico emerge con fortaleza en estas tertulias con la vitalidad que todos los contendientes de la obra le ofrecen: el camarero, el torero, los parroquianos. Pero no son pocas las críticas a muchos de ellos , como el envidioso Huidobro, que comentaba de Neruda que era un poeta menor perdido en romanticismos de pacotilla. Ya se sabe que esta vieja costumbre de los poetas de andar a la gresca con sus congéneres es actitud que va en el ADN de cualquier vate, y, como no podría ser menos, también aquí se pone de manifiesto.

Uno a los que valorará con interés el torero es su paisano Cansinos Assens, “que parece liderarlos”. Un escritor que la historia literaria ha sepultado en el olvido a pesar de haber tenido tan grandes amigos y defensores como el gran Borges, que lo admiraba sin contemplaciones. También existen referencias a Unamuno (“es que él cree en Dios porque le sale de las pelotas”) o Rubén Darío, del que se dice que su mejor poema es “Lo fatal”. Del primero se afirma que tiene todas las virtudes de la carne y todos los vicios del espíritu, y del segundo al contrario.

Como no podría ser de otro modo, surgen las anécdotas, sobre todo cuando hablamos de Valle-Inclán. Mal queda Ruano. Pero sobre todo la figura del torero emerge con rotundidez en boca del camarero.

Louis Aragon es motivo para hablar de él con interés y su fascinación por España o el Islam. Y también opiniones de toda laya. Como la que emite Sánchez Mejías sobre el comunismo: “El comunismo acabará pasando y cayendo bajo el peso enorme de su incapacidad y pastosidad informe”. Y en ese rosario de opiniones es muy crítico con ellos: “Serán muy buenos escritores (se refiere a los miembros del 27), no lo pongo en duda. Pero en ocasiones me parece que en el sitio del corazón tuvieran una piedra y solo se les encendiera cuando les aplauden o cuando los celos y la envidia se lo roen como gusanos”.

La política alcanza un lugar propio en determinados momentos, tanto por boca de Sánchez Mejías como por el camarero Ballesteros, que considera que lo que existe en el país es una pelea de gallos. Ballesteros se define como un anarquista que cree en Dios. En cambio, Sánchez Mejías piensa que nos han marcado políticamente tantos años de Inquisición y de Islam, un hecho que nos separa de Europa.

A través de Ortega y Gasset aparece un capítulo muy interesante que muestra sucintamente algunas de las ideas de Heidegger (del que no se dice, a pesar de ser el más grande filósofo del XX con Wigenstein, que abrazó el nazismo) y de Jünger. Ambos coincidían en que el nihilismo (muy presente en Nietzsche) acabaría sometiendo a las masas, “vacías y necesitadas de alguna seguridad que ocupase o aliviase su desasimiento, a tiranías y cesarismos”. Una decadencia que pone de manifiesto el torero a través de las reflexiones de estos autores que razonaban que la técnica y el poder estaban degenerando el alma humana.

María Zambrano ocupa otro capítulo interesante y se hace referencia a esa baldía creación del Frente Español y su rechazo a que José Antonio Primo de Rivera entrara en él. En otros momentos la francesa Marcelle y la emoción que despidió ante la presencia del torero.

Todo un recorrido por un mundo para cuyo trayecto se ha inspirado en textos de los autores citados, de González Ruano, de Gómez de la Serna, Pere Solé Solá, Andrés Amorós… que resulta de gran interés para el lector y de enorme atractivo para el estudiante.

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Marta Nievas, concejala de Cultura de Albolote, Emilio Ballesteros, José Moreno Arenas, Morales Lomas y Rafael Plegezuelos

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